-Por Belén Municio-

Recibimos la llegada del virus estrella desde oriente con humor, mucho humor… Y papel higiénico; metáfora inconsciente de lo que la población empezaba a presentir que iba a necesitar. Y es que no es casualidad que en diferentes culturas se hace referencia a la acción de defecar cuando se tiene miedo.

Vivimos días en los que el humor y el amor como expresiones artísticas acuden a nuestro rescate. Mientras el mundo físico transcurre a cámara lenta, las autopistas virtuales se inundan de risas y abrazos, y conectan todas las partes del mundo. Un mundo por cierto más silencioso y limpio que nunca. Ya lo decimos nosotras, “utilizamos la creatividad, el arte y la tecnología como principales herramientas de transformación”, pero nunca pensamos que la actualidad iba a darnos tan pronto la razón.

Hace unos días alguien nos preguntaba si la tecnología nos une o nos separa de la naturaleza. Vivimos en un mundo en el que el desarrollo social está muy vinculado al progreso tecnológico, y si bien es cierto que la tecnología ha impactado en un primer momento en el medio ambiente poniendo en riesgo los recursos que la naturaleza nos ofrece, será esa misma tecnología quien nos salvará.

Desde el desarrollo médico tecnológico, hasta la producción de nuevas formas de energía, de obtención de materiales, y como no a través de la tecnología social, las redes y plataformas que nos conectan y que contribuyen a al fortalecimiento de nuestra salud mental, y ¡¡¡física!!!

El soporte más potente frente a la incertidumbre, la ansiedad y el miedo es el apoyo social y eso, en España lo sabemos bien. El lunes 16 de marzo, dos días después del obligado confinamiento fue el segundo país de la Unión Europea, solo por detrás de Alemania y junto con Francia, con más tráfico de datos en Internet. Al día siguiente el aumento del tráfico en la red fue del 81%!!!

En nuestras pantallas humanizadas se cuelan sentimientos, miradas, emociones que anhelamos con ansia encontrar cada día y que sólo existen si vienen de vuelta. “Quedadas” virtuales, aperitivos, sobremesas, complicidades…Abrimos nuestros hogares como seguramente no lo hacíamos antes. Nos cuidamos y queremos cuidar.

Si en la historia del pensamiento político y filosófico ha habido una pugna entre individualidad y colectividad, la tecnología social funde de un plumazo estos dos conceptos. Jamás nos habíamos acercado tanto en la distancia. Faltaba encontrar un contexto que nos hiciera entender que sólo individuos unidos formados y con capacidad de pensamiento crítico construyen sociedades más sanas y fuertes.

Seguro que hay que hacer un fuerte esfuerzo por resolver algunas cuestiones que preocupan en este estrenado ecosistema virtual. Cuestiones como la preservación de la privacidad, como la posible adicción a un mundo más allá de lo físico, o la propia desigualdad que se acentúa para quien no tiene aún acceso a este nuevo mundo. Y será la tecnología quien una vez más nos vuelva a salvar. Y los abrazos.